Caléndula: propiedades, historia y lo que necesitas saber


Hay plantas que llevan siglos en la botica casera de nuestras abuelas, y la caléndula es una de las más constantes.

Esa flor naranja intensa que crece con tanta facilidad en huertos y jardines esconde propiedades que la medicina tradicional ha aprovechado durante generaciones.

Te cuento su historia, para qué se usa realmente y qué precauciones conviene tener.


¿Qué es la caléndula?

La caléndula (Calendula officinalis) es una planta herbácea de flores naranjas o amarillas, de la familia de las asteráceas (la misma familia que la manzanilla o el girasol).

Se usan principalmente sus flores, ya sea frescas, secas, en infusión, en aceite macerado o en forma de ungüento.

Historia y origen

La caléndula es originaria de la región mediterránea y del sur de Europa, aunque hoy se cultiva en todo el mundo por su facilidad de adaptación.

Su uso se remonta a la antigua Grecia y Roma, donde ya se empleaba tanto con fines ornamentales como medicinales para el cuidado de la piel.

Durante la Edad Media, en los jardines de monasterios europeos era una de las plantas medicinales más cultivadas, y se utilizaba de forma habitual para tratar heridas superficiales e irritaciones cutáneas.

Su nombre proviene del latín "calendae", relacionado con los calendarios lunares, ya que se decía que florecía casi todos los meses del año.


Propiedades que se le atribuyen

Como siempre, es importante distinguir entre tradición y evidencia científica sólida.

La caléndula es una de las plantas con más respaldo tradicional para el cuidado de la piel, y cuenta con estudios preliminares que avalan parte de sus usos tópicos, aunque la investigación en humanos sigue siendo limitada en muchos aspectos:

• Cuidado de la piel:

Es, con diferencia, su uso más extendido y mejor documentado a nivel tradicional.

Se emplea en aceites, cremas y ungüentos para pieles sensibles, irritadas o resecas.

• Propiedades calmantes tópicas:

Tradicionalmente se ha usado sobre pequeñas irritaciones, rozaduras o sequedad cutánea.

• Uso en infusión:

Se toma en infusión sobre todo por su efecto calmante suave y como apoyo digestivo tradicional después de las comidas.

• Antioxidantes naturales:

Sus flores contienen compuestos como los flavonoides y carotenoides, responsables también de su color intenso.

No es un tratamiento médico ni sustituye ningún diagnóstico o prescripción profesional.

Ante cualquier problema de piel persistente, siempre hay que consultar a un dermatólogo.


Contraindicaciones y precauciones

• Alergia a la familia de las asteráceas:

Las personas alérgicas a plantas como la manzanilla, el crisantemo, la ambrosía o el girasol pueden tener también reacción a la caléndula.

Se recomienda hacer siempre una prueba en una zona pequeña de piel antes de un uso más amplio.

• Embarazo:

Tradicionalmente se ha desaconsejado el uso interno de caléndula (en infusión o suplemento) durante el embarazo, ya que se le atribuyen propiedades que podrían estimular la musculatura uterina.

El uso tópico en piel suele considerarse de menor riesgo, pero conviene consultar siempre con el ginecólogo antes de usarla en cualquier forma durante esta etapa.

• Uso en niños pequeños:

El uso tópico suele considerarse seguro en la mayoría de los casos, pero el uso interno en infusión en niños muy pequeños debe consultarse antes con el pediatra.

• Heridas profundas o infectadas:

La caléndula tradicionalmente se ha usado en irritaciones superficiales, no en heridas abiertas profundas o con signos de infección, que requieren valoración médica.

• Interacciones:

Si tomas medicación sedante o para regular la tensión, consulta con tu profesional sanitario antes de un uso interno regular, ya que existe controversia tradicional sobre posibles interacciones.


Cómo elegirla o elaborarla en casa:

Si compras flores de caléndula secas, elige siempre un proveedor de confianza que garantice que están libres de pesticidas, ya que se van a usar en contacto directo con la piel o se van a ingerir.

Si tienes la suerte de cultivarla tú misma, recoge las flores en un día seco y déjalas secar extendidas, sin amontonar, en un lugar ventilado y sin luz solar directa.

En el siguiente apartado te comparto tres formas caseras de aprovecharla: en aceite macerado, en ungüento y en infusión.

Usos y recetas caseras de Caléndula

Uso 1 — Aceite macerado de caléndula

Ingredientes:

• Flores de caléndula secas: 30 g

• Aceite de oliva virgen extra o aceite de girasol: 250 ml

• Un tarro de vidrio con cierre hermético: 1 unidad

Elaboración:

1. Coloca las flores secas de caléndula dentro del tarro de vidrio, asegurándote de que estén completamente secas para evitar que el aceite se enmohezca.

2. Cubre por completo las flores con el aceite, dejando al menos 1 cm de aceite por encima de ellas.

3. Cierra bien el tarro y colócalo en un lugar cálido y con luz solar indirecta (por ejemplo, un alféizar) durante 3-4 semanas, agitándolo suavemente cada 2-3 días.

4. Pasado ese tiempo, cuela el aceite con un colador fino o una gasa, presionando bien las flores para extraer todo el líquido.

5. Guarda el aceite colado en un frasco de vidrio oscuro, en un lugar fresco y alejado de la luz directa.

Trucos y consejos:

Si prefieres un macerado más rápido, puedes calentar el tarro al baño maría a fuego muy bajo durante 2-3 horas en lugar de esperar las semanas, vigilando que el aceite nunca hierva.

Usa siempre flores completamente secas: la humedad es la principal causa de que un macerado se estropee.

Beneficios:

Tradicionalmente usado para hidratar y calmar pieles secas o sensibles.

Contraindicaciones:

Hacer siempre una prueba de alergia en una zona pequeña de piel antes de usarlo de forma extensa; no usar sobre heridas abiertas o infectadas.


Uso 2 — Ungüento casero de caléndula

Ingredientes:

• Aceite macerado de caléndula (receta anterior): 100 ml

• Cera de abeja en perlas o rallada: 12 g

• Vitamina E líquida (opcional, como conservante natural): 3-4 gotas

Elaboración:

1. Calienta el aceite macerado de caléndula al baño maría a fuego muy bajo.

2. Añade la cera de abeja y remueve suavemente hasta que se derrita por completo.

3. Retira del fuego y añade las gotas de vitamina E si la usas, removiendo bien.

4. Vierte la mezcla caliente en un tarro pequeño de vidrio limpio y seco.

5. Deja enfriar a temperatura ambiente sin tapar hasta que solidifique por completo (aproximadamente 1-2 horas).

6. Cierra el tarro y guárdalo en un lugar fresco, alejado de la luz directa.

Trucos y consejos:

Si quieres un ungüento más firme, aumenta ligeramente la cantidad de cera; si lo prefieres más untuoso, redúcela un poco.

Aplícalo siempre sobre piel limpia y seca para un mejor efecto.

Beneficios:

Tradicionalmente usado como bálsamo calmante para pieles resecas, codos, manos o zonas con roce.

Contraindicaciones:

Las mismas que el aceite macerado; no aplicar sobre heridas abiertas o infectadas ni sobre piel con alergia conocida a la familia de las asteráceas.


Uso 3 — Infusión de caléndula

Ingredientes:

(para 1 taza, 250 ml):

• Flores secas de caléndula: 2 g (aproximadamente una cucharadita colmada)

• Agua: 250 ml

Elaboración:

1. Calienta el agua hasta que rompa a hervir.

2. Retira del fuego y añade las flores secas de caléndula.

3. Tapa y deja infusionar entre 8 y 10 minutos.

4. Cuela y sirve templada.

Trucos y consejos:

Puedes combinarla con manzanilla o menta para suavizar aún más su sabor, que es ligeramente amargo.

No es necesario endulzarla, pero si lo prefieres, una cucharadita de miel combina muy bien.

Beneficios: 

Tradicionalmente usada como apoyo calmante suave y digestivo después de las comidas.

Contraindicaciones:

No recomendada durante el embarazo en uso interno; consultar con un profesional si tomas medicación sedante o para la tensión de forma habitual; evitar si hay alergia conocida a la familia de las asteráceas.


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